lunes, 8 de octubre de 2018

Foto: EFE
La magnitud real del daño provocado por el terremoto y tsunami de hace nueve días en Indonesia comenzó a tomar cuerpo después de que las autoridades elevaran a 1.763 los muertos y a 5.000 los desaparecidos en lo que ya es el peor desastre natural del país desde 2004.

El portavoz de la agencia de Prevención de Desastres (BNPB), Sutopo Purwo Nugroho, dijo que la estimación de desaparecidos corresponde a los barrios de Petobo y Balaroa, en Palu, la capital provincial de esta región del centro de la isla de Célebes, la más castigada por la catástrofe.
“El número de 5.000 se basa en un informe oral del jefe local. Cuántos son no podemos saberlo con seguridad. Es solo una estimación”, dijo Sutopo en rueda de prensa.
Hasta hoy las autoridades indonesias situaban el número de desaparecidos en unos pocos centenares, pero casi nadie en Palu se ha sorprendido por el anuncio del portavoz.
Balaroa, situado el oeste de Palu, fue arrasado al completo por el seísmo y los edificios se apilan unos encima de otros convertidos en un amasijo de escombros y tierra.
Petobo, situado 7 kilómetros al sur del centro de la ciudad, fue literalmente borrada del mapa por un alud de barro que siguió al terremoto de 7,5 grados y que engulló hogares, escuelas, centros religiosos y sanitarios, debido a la licuefacción del suelo.
Este fenómeno ocurre cuando un fuerte movimiento telúrico golpea un suelo de tierra poco solido, como el suelo arenoso de Petobo, y con grandes bolsas de agua, lo que provoca el hundimiento del terreno y libera una gran cantidad de barro que arrastra los edificios.
“El barro comenzó a subir, todo se sacudía y los cocoteros comenzaron caminar”, explicó a Efe Hairudin, uno de los supervivientes de Petobo a quien el seísmo sorprendió con su padre de camino hacia una de las oraciones musulmanas de la tarde.
Hairudin y su padre corrieron y se salvaron pero una de sus sobrinas “continúa ahí dentro”, dijo el indonesio señalando al lugar donde se encontraba su casa, a unos doscientos metros, dentro de la zona engullida por el barro.
La estimación confirma los mensajes del personal de los equipos de rescate y ONG que trabajan en Palu, que en los últimos días venían avisando de que los desaparecidos bajo el barro podrían contarse por millares, y también la necesidad de las autoridades de establecer planes de acción para prevenir epidemias.
El ministro de Coordinación de Asuntos Políticos, Legales y de Seguridad indonesio, Wiranto, dijo a la prensa local que convertir estas zonas en fosas comunes es una de las opciones que se barajan en las reuniones con dirigentes y líderes religiosos locales.
Por su parte, la agencia de búsqueda y rescate (Basarnas) señaló que las tareas de búsqueda se han alargado una semana más a los siete días que habitualmente se prevén para este tipo de desastres naturales y que cuando esta prórroga concluya “se tomará una decisión”.
“La mayoría de las víctimas en Balaroa y Petobo son enterradas en una fosa común, porque son muchos los cuerpos que tenemos que procesar, como ayer que sacamos 55 que tuvimos que evacuar y eso fue solo en una zona”, dijo hoy a Efe el portavoz de Basarnas, Yusuf Latif, refiriéndose a Balaroa.
La mayoría de los fallecidos, 1,519, se han registrado en Palu, donde el tsunami golpeó con olas de mas de 3 metros que arrasaron su costa, incluida la playa de Talise donde más de 500 personas celebraban un festival.
El portavoz de BNPB también situó en 2.632 el número de heridos graves a causa del desastre, que ha dejado a unas 62.000 personas desplazadas a unos 147 refugios temporales y dañado cerca de 67.000 casas.

Con información de EFE
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